Manicomio
-Bienvenido, doctor. Por falta de personal, me designaron para mostrarle las instalaciones, pero le aseguro que estoy bastante cuerdo. Los otros doctores me dejan ayudar a veces con las tareas porque conozco las condiciones de todos los pacientes. En realidad -agregó acercándose a mi oído-, existo porque nadie sabe que estoy aquí. Vamos a hacer un recorrido rápido y luego le acompañaré hasta su habitación. Por aquí, por favor.
Salimos al aire libre por un caminito de piedras que conducía a través del parque rumbo al edificio principal, ubicado bastante lejos. Experimenté una sensación de distancia con respecto a todo lo que me rodeaba, como si hubiera llegado tarde a una fiesta. Los locos cubrían el espacio ejecutando diversas actividades. En nuestro camino se cruzó un grupo que jugaba a la pelota, pero sin pelota, mientras el árbitro soplaba insistentemente un silbato que tampoco existía.
-Él es Lucho –me dijo el guía, como si estuviéramos en un safari-. Se volvió loco por amor, parece. Despierta soñando que sueña despierto y se acuesta esperando dejar de soñar.
Se acercó a él y nos presentó.
-¿Alguien vio un fragmento perdido? Lo dejé en un taxi hace unos meses. No sé si estará triste o si me recordará –dijo Lucho, y no se quedó para oír una respuesta-.
-¿Y ese? –pregunté al guía, sólo por mantener una conversación y poder aferrarme a mi razón.
-Ese es Cacho; es un caso muy especial. En función de la distorsión de su modulación cognitiva, los doctores creen que es un estúpido, aunque él asegura que sólo está loco.
-Y, ¿usted? ¿Cuál es su razón para estar aquí?
-¿Yo? –preguntó con un gesto, señalando con un dedo su propia sorprendida. Hizo una pausa para mirarme como si no entendiera y luego prosiguió-. Yo soy otro producto de su imaginación; le ayudo a volver a su habitación cuando se pierde.
Seguimos caminando. No me atreví a pensar.
Lavo [...] sueños.
[lavo] el dolor a orillas del olvido con una lágrima ascendente que atardece inmóvil rompiéndose en luz de ayeres y ya no me pregunto y es que ya sé la respuesta y sólo yo y mi pregunta secreta ahí estaremos: en cada espina y en cada beso y definitivamente en el espejismo de tus [sueños]
Random
Me lanzo al pensamiento como un astronauta de agujeros blancos. Me limito al infinito, me extravío, me deshago, me replico y me replico. Observo lo que nadie observa, lo literaturizo, lo alucino. Y rebuzno. Salto, me tambaleo inmóvil, rodeado de soledad. Lo acepto. Prosigo. Imagino dos payasos en un bar; uno le dice al otro: -Tengo algo en la nariz. Prosigo. Soy un satélite de la conciencia, soy burbujas de nada en el vacío; soy la explicación de lo inexplicable, soy el espacio que conecta lo múltiple... soy un ser siendo. Salgo por donde entré.
No tengo palabras
Cuando me siento solo acaricio alguna sombra y así mi respirar cree que hay un más allá de oblicuas soledades. Cuando me siento cansado hago brillar la oscuridad y así mis sueños siembran alas en cada ramo de ajenos pies, y en ellos me transporto. Cuando me siento triste supongo vientos intangibles coagulando los recuerdos y así al menos mis oídos son felices. Cuando me siento aburrido mastico una piedra y así mis dientes se van a dormir creyendo que ayudaron a digerir un planeta. Cuando me siento insignificante respiro fuego y así adorno con algo la nada. Pero cuando me siento despertar sin vos... no tengo palabras.
Alicia contra el Reloj
[Alicia] -Disculpe... ¿me podría decir dónde estoy?
[Reloj] -¡Claro! Estás exactamente frente a mí.
[Alicia] -Supongo que es verdad... pero sigo perdida, y voy a llegar tarde a mi casa. ¿Podría decirme la hora?
[Reloj] -¡Ojalá pudiera! Lo que pasa es que estoy muy cansado... ya sabrás lo difícil que es mover el tiempo.
[Alicia] -Bueno, imagino que el tiempo debe ser bastante pesado. Pero yo creía que el tiempo movía las agujas de los relojes, no al revés.
[Reloj] -Pues estás muy equivocada.
[Alicia] -¿Por lo menos puede decirme qué día es hoy?
[Reloj] -Sí... (cuenta con los dedos y se lleva una mano al oído para escuchar) Hoy es el tercer martes de esta semana.
[Alicia, pensativa] -Donde yo vivo hay nada más un martes por semana.
[Reloj] -¡Pero que egoístas! Aquí casi siempre juntamos los días y las noches; y a veces en invierno tenemos hasta cinco miércoles seguidos, para aprovechar mejor el calor.
[Alicia] -¿Es que cinco miércoles son más calurosos que uno?
[Reloj] -Cinco veces más calurosos, claro.
[Alicia] -¿No podrían ser cinco veces más fríos...?
[Reloj] -¡Así es! ¡Tú lo has dicho! Cinco veces más calurosos y cinco veces más fríos, de la misma manera que yo soy cinco veces más inteligente que tú y cinco veces más tonto. ¡Pero que modales los míos! (saca un teléfono antiguo) -¿Hola? ¡Tenemos invitados que no invitamos! ¡Preparen la mesa y pongan gatos en el té!
[Alicia] ¿Gatos en el té? ¿Para qué?
[Reloj] -¿Prefieres un café con ratones?
[Alicia] -No, no... Gracias. Prefiero un vaso con agua.
[Reloj] -¡Ah! Eso sí que no tenemos. Es que dejamos el agua afuera toda la noche y se mojó... Pero, si tienes mucha sed, puedo traer un hipopótamo.
[Alicia] -No, no... Está bien, no se preocupe...
[Reloj] -¡Pero si no es ninguna molestia! (sacando nuevamente el teléfono) ¡Hago un par de llamadas y me lo mandan por fax!
